¡Arranca!

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Un total de mil 432 días, que muchas veces se ven como 205 semanas o como 48 meses. Para fines prácticos, casi cuatro años de espera desde que el inglés Howard Webb pitara por última vez su silbato en Johannesburgo, Sudáfrica. A 34 mil 368 horas de que España inscribiera su nombre en la posteridad, la Copa Mundial de la FIFA vuelve a dar sentido a la existencia futbolística en todo el orbe.

"Todos en un ritmo", el ritmo de baile, capoeira, carnaval, historia, grandeza, selva, playas, dunas y, por supuesto, futbol; esa es la promesa que un nuevo Mundial en Brasil tiene para propios y extraños a partir de este jueves 12. El anfitrión abrirá el certamen con Croacia.

 

Un partido inaugural altamente anhelado por una afición global, en sintonía con ese ritmo prometido por el país Pentacampeón, a pesar de las demoras, retrasos, problemas dentro y fuera de las canchas con los cuales el Comité Organizador todavía lucha y de los que no se salva la reluciente, pero todavía incompleta Arena Corinthians, sede del encuentro entre sudamericanos y balcánicos, que estará precedida por la fiesta y el color del gigante sudamericano, que fungirá como carta de presentación ante el mundo expectante del carnaval pambolero en pleno verano.

A horas de que inicie el torneo deportivo más importante, los ánimos en Brasil están totalmente indecisos: la organización de la justa ha mermado en el ánimo de una población que, per sé, está, como poco, angustiada por el desempeño del legendario "Scratch du Oro". Es un hecho: Brasil no convence, no enamora.

Los dirigidos por Luiz Felipe Scolari tienen la pesada etiqueta de "Jogo Bonito" que puede ser admirada, pero que tiene un sabor totalmente distinto de la esencia principal de la legendaria premisa, cual botella de vino mal cuidada y convertida en vinagre, a pesar de conservar su delicada apariencia.

Quizás sea una verdad incómoda, tanto que aunque se presienta, nadie se atreve a decir: Brasil necesita mucho más que su histórica playera y el  invaluable hecho de ser local para levantar la Copa del Mundo por sexta vez. El campamento verdeamarelha tiene como primer objetivo empezar a creer que el camino a la Gran Final en Maracaná es posible, para ello, será necesario convencerse desde este juego, en Sao Paulo.

Croacia y sus arlequines se plantan en Brasil con una ilusión mayúscula. Los europeos regresan a un Mundial después de ocho años, lapso que ha fungido como una transición necesaria para el equipo heredero de facto de la poderosa y legendaria Yugoslavia, una evolución que arroja a un sobreviviente: Niko Kovac. De jugador en 2006 a técnico en 2014, el estratega croata se ha mostrado confiado en poder obrar el milagro y de alimentar la depresión brasileña.

 

 

La mesa está servida. La Copa Mundial de la FIFA está ya entre nosotros. La tierra prometida y legendaria del verde y el amarillo, del Amazonas y Copacabana. Desde Roraima hasta Rio Grande do Sul, "Todos en un ritmo", el ritmo de Brasil 2014.