Rubén Pabello Rojas - Los Juegos Centroamericanos

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POLIANTEA

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe… Y de la incertidumbre

Rubén Pabello Rojas

El antecedente más remoto de estos juegos deportivos se remite al siglo VIII (a.c.) hasta el III de esta era, en la antigua Olimpia, Grecia. Descontinuados muchas centurias, es en el siglo XIX cuando se celebran de nuevo como Juegos Olímpicos en Atenas en 1896 a promoción del Barón Pierre de Coubertin. La XIX edición de los Juegos Olímpicos se desarrolló en México en 1968.

México participó en los juegos de París en 1924, también llamados Olimpiadas, con muy bajo rendimiento, por lo que en ese año propuso y el Comité Olímpico Internacional aprobó la celebración de los primeros Juegos Centroamericanos, en 1926, en la Ciudad de México. Después se agregaría el Caribe. Sería hasta 1951 cuando se llevaron a cabo los primeros Juegos Panamericanos en Buenos Aires, Argentina.

Tres veces se han celebrado los Centroamericanos en México, los I, VII, XVI en la Ciudad de México y ahora corresponde a Veracruz organizar los juegos numero XXII. No deja de ser un gran, gran compromiso.

Los recuerdos de gestas deportivas de rango internacional en México han tenido cierto sabor especial. No se diga la Olimpiada de 1968 realizada bajo el amargo sabor de los dramáticos hechos de Tlatelolco, con toda su secuela de reacciones sociales que devinieron en profundas transformaciones políticas que abrieron cauces democráticos y acabaron con un asfixiante sistema de poder autoritario.

Recientemente en Guadalajara se efectuaron los Juegos Panamericanos con gran derroche de recursos económicos y a pesar de considerarse exitosos, desembocaron en un lamentable fracaso financiero que se tradujo en quebrantos de orden político, para el entonces gobernador de Jalisco, no obstante la magnificencia con que se llevaron a cabo las justas deportivas.

 

Toca ahora el turno a Veracruz, que abrirá el certamen el 14 de noviembre, ya muy próximo. Las condiciones actuales, analizadas objetivamente, hacen pensar en una razonable duda de su completo éxito. Los presagios no son del todo afortunados. Desde su proclamación, surgieron cuestionamientos de orden técnico e incertidumbre de orden financiera. Al día de hoy llama la atención que la pagina oficial de los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe se encuentra en construcción.

Igualmente, en construcción se encuentran gran parte de las instalaciones que en muy pocas semanas habrán de ser los escenarios donde se diriman las competencias deportivas más importantes de esta región del mundo. Existe un no muy oculto escepticismo por ver si en realidad alcanzará el poco tiempo que falta, para terminar las instalaciones en modo que puedan ser utilizadas en forma óptima.

Comienza a inquietar a algunos sectores de la comunidad, como al Partido del Trabajo, cuyo diputado Fidel Robles Guadarrama, basado en un documentado análisis sobre el tema, pide citar al Congreso del Estado al director del Comité de los Juegos, preocupado por, según su dicho, la turbiedad de los manejos económicos.

No puede ignorarse en otro punto la variación en la forma de alojamiento de los deportistas, pues de disponerse en principio de que sería en villas construidas ex profeso, se cambio el criterio para alojarlos en hoteles, a lo que Carlos Padilla Becerra, actual presidente de la Codeme, calificó de impropio por el difícil manejo logístico que ello traerá.

Con relación al avance de las obras que se utilizarán, el propio gobernador Javier Duarte ha tenido que salir al paso para afirmar que se encuentran dentro de lo programado y que serán entregadas en tiempo y forma para su aprovechamiento cabal, agregando que una vez cumplido su propósito serán reaprovechadas en usos permanentes que beneficiarán a los veracruzanos.

Han tenido la responsabilidad de la organización: Elízabeth Morales, invento de Fidel que ya no sabía dónde colocarla y su paso por ahí es de ni fu ni fa; David Velasco, también por obra y gracia de Fidel, quien no pudo tampoco hacer nada y solo ha declarado últimamente que recibió 400 millones de pesos de un total de mil 200, pero que él no ejerció ni un solo peso, cayendo en mil explicaciones y concluyendo que tal vez los ejerció Dionisio Pérez Jácome, quien lo sustituyó.

Dionisio Pérez Jácome tomó las riendas de la ya para entonces creciente bola de nieve, también bajo la influencia de, otra vez, Fidel. Por ese tiempo el hijo del papá, Dionisio Júnior, se desempeñaba como secretario de Obras Públicas de la federación, puesto muy ad hoc para la realización de lo necesario, lo que se ofreciera, en la infraestructura de las instalaciones deportivas por hacer o habilitar. Cálculo fallido.

Cuando salió Dionisio Júnior también salió Dionisio papá, quien por infortunio en estos días, recibe sin culpa alguna, señalamientos contra de Dionisio Júnior, a su paso por la secretaria y la mención de la orden de aprehensión contra su yerno, Martin Díaz Álvarez, por su presunta responsabilidad en el fraude de Oceanografía en perjuicio de Banamex, emitida por un juez federal. Finalmente se encuentra como director de la organización de los Juegos, Carlos Sosa Ahumada, de quien no se sabe absolutamente nada.

Para dimensionar la magnitud del compromiso, solamente hay que ver las imágenes de las anteriores ceremonias de inauguración y clausura, la fastuosidad y el alarde con que se realizan, para darse cuenta que en este caso no se conoce ni la más pequeña parte de los programas de estos eventos, lo que mantiene en la opaca incertidumbre, el incierto desenlace que depara a esta justa internacional, cuya sede fue solicitada para demostrar al mundo deportivo los claros timbres y ufanos alcances de Veracruz.

El deporte olímpico y el orgullo de los veracruzanos esperan que todo resulte excelente y que la celebración jubilosa de los brillantes fuegos de artificio, que acompañan al éxito, no terminen en lamentables fuegos fatuos.