Protesta social, durante pandemia
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AGENCIA
La peste del Covid-19 logró en Chile lo que no pudo la furiosa represión que el gobierno de Sebastián Piñera lanzó por todo el país tras el estallido social del 18 de octubre de 2019, al costo de 3 mil 800 heridos, 32 muertos a manos de efectivos policiales y militares y más de 11 mil detenidos, miles de ellos aún en las cárceles: acallar la protesta y sacar a la ciudadanía de las calles.
El presidente, coinciden analistas, se regodea en la crisis sanitaria buscando levantar cabeza, tras hundirse en un rechazo superior a 90 por ciento a su gestión, pese a su compulsión a protagonizar actos leídos por propios y ajenos como “desafortunados”, “payasadas” o “provocaciones”, como aquello de ir a Plaza Dignidad a fotografiarse en soledad, aprovechando el vacío de las calles, algo que después dijo “lamentar”; o bien afirmar que su gobierno compró en enero más de mil respiradores médicos cuando la evidencia prueba que no fue sino hasta mediados de marzo que se encargaron y que aún no llegan al país.
A contracara, los partidos políticos opositores brillan por su ausencia, carentes de propuestas e inconexos con la sociedad, apenas balbuceando al ritmo que impone el oficialismo, tanto así como que pese a ser mayoría, su rencillas y desprolijidades los llevaron a perder contra todo pronóstico la presidencia de la Cámara de Diputados, profundizando su descrédito.
De modo que seis meses después de iniciada la revuelta contra el modelo neoliberal, prevalece una gran incertidumbre acerca de si habrá o no un rebrote de las movilizaciones y en qué intensidad cuando la crisis sanitaria afloje.
Ernesto Águila, científico político y académico de la Universidad de Chile, director de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades, no tiene dudas al respecto: “Es cierto que la crisis sanitaria interrumpe las grandes protestas del estallido social del 19-O, pero también la pandemia pone en evidencia y profundiza el proceso de precarización de la vida de las personas y de las familias en Chile. Soy de los que piensan que en Chile es muy posible un nuevo estallido social dentro de la pandemia y no sólo después de esta. Creo que el manejo mismo de la crisis sanitaria con un sesgo clasista y poco claro en la información así como el desempleo y la falta de ingreso de muchas familias, puede generar una situación de indignación que conduzca a un momento de protestas sociales nuevamente en poco tiempo más”, contesta.
¿Considera que el manejo de la crisis sanitaria ha estado condicionado y al servicio del intento personal de Piñera de lograr aprobación?
Durante las protestas Piñera llegó a un mínimo histórico de aprobación de sólo un 6 por ciento. Pero la derecha en Chile tiene un piso de 30 por ciento. Con la gestión de la pandemia ha subido en las encuestas y ha recuperado parte del apoyo de la base tradicional de la derecha. La estrategia gubernamental ha tratado de usar la gestión de la crisis sanitaria para intentar producir una suerte de "unidad nacional" y mejorar en la percepción ciudadana. No existen indicadores que ese objetivo lo esté logrando, más allá de recuperar cierta base de apoyo natural dentro de la propia derecha, que lo había abandonado en el momento más álgido del estallido. Hay un desgaste que arrastra Piñera y su administración en el marco de un descrédito del conjunto del sistema político que impide una recuperación estructural en la adhesión ciudadana.
La pandemia obligó a postergar el itinerario constituyente siendo aplazado el plebiscito que pregunta si se quiere o no una nueva constitución para el 26 de octubre. Existe un sector de la derecha que desde un comienzo ha querido boicotear el proceso constituyente y ve en la crisis sanitaria la oportunidad para hacerlo. En el momento más álgido de las movilizaciones de octubre este acuerdo constituyente permitió encauzar en parte la protesta.


