No llega reconocimiento a los pueblos indígenas

Diariamente, diversos grupos de danzantes indígenas recorren las calles de la ciudad
El Dato
Por cinco horas de trabajo callejero, los danzantes totonacas llegan a reunir no más de 150 pesos diarios; la mayor parte se va en pagar pasajes y alimentos.
¿Sabías qué?
A 16 años de la primera edición del llamado festival de la identidad, los grupos indígenas siguen sin recibir el reconocimiento anunciado, mientras permanecen soportando condiciones de miseria en sus lugares de origen y discriminación en los sitios que visitan.
Édgar Escamilla
Poza Rica
En medio del bullicio del mercado Poza Rica, el más grande y concurrido de esta ciudad, se escucha a lo lejos el ritmo del tambor y la flauta. Sobresalen entre locales y comerciantes semifijos apostados en las banquetas un trío de hombres, uno vestido de blanco, con botines y sombrero, dos más tratan de ejecutar la danza de los huahuas entre los estrechos andadores; comparten sus tradiciones a cambio de unas monedas.
Cuenta Don Gerardo, que apenas tenía diez años cuando comenzó a tocar la flauta y el tambor. A sus 73 años, sigue tocando los ritmos totonacas y danzando, recientemente en el festival Cumbre Tajín, mientras el resto del año trata de subsistir practicando agricultura para el autoconsumo o danzando en las calles de la ciudad.
“Aquí me tiene con 73 años y sigo fuerte para seguir trabajando”, comenta orgulloso de sí mismo, aunque el paso de los años es evidente en su rostro de piel de bronce, curtido por las inclemencias. Le hacen falta gran parte de sus piezas dentales, pero sonríe amablemente.
Es oriundo de la comunidad de Santa Águeda, del municipio de Papantla, desde donde se debe trasladar a Poza Rica para iniciar su jornada de trabajo a partir de las 11:00 horas y hasta las 16:00 horas.
Desde hace cinco años, junto con Don Pedro Ramírez y Juan Sánchez, viaja una hora en autobús para tratar de ganarse unos pesos en la indiferente urbe. La situación económica es crítica y no todas las personas apoyan, por lo que lo poco que llegan a reunir les alcanza solo para su pasaje de retorno y la comida del día, así que deben apurarse para poder llevar unas monedas a casa.
En la antesala al nuevo milenio, el Gobierno del Estado, entonces representado por el exgobernador Miguel Alemán lanzó una iniciativa para reconocer y dignificar la cultura totonaca, naciendo el festival Cumbre Tajín, pero 16 años después, no ha llegado el anunciado reconocimiento y los indígenas siguen esperando mejores oportunidades, o simplemente dejar de ser limitados para lograrlo por cuenta propia.
“¿Qué le damos? ¡Lleve sus melones, dos piezas por 20 pesos!”, grita una de las mujeres que ha instalado su puesto de frutas semifijo frente a los locales establecidos del mercado Poza Rica.
El poco espacio que queda libre en la banqueta de la avenida Heriberto Kehoe Vincent se convierte en el escenario perfecto para que los danzantes den muestra de su cultura milenaria.
Entre pollos, frutas, farmacias y peluquerías, el ruido de los autos y el silbido del agente de Tránsito que trata infructuosamente de agilizar la vialidad, el golpe del tambor suena inconfundible, sonido que es acompañado por el zapateado y la armonía de la flauta.
El colorido de sus trajes tiene un brillo especial, el que le da el hecho de haber sido confeccionado por sus propias manos, porque realmente no hay apoyos para ellos.
A pesar del discurso oficial, poco es el apoyo para los indígenas totonacos. Por sus años, Don Gerardo recibe el apoyo de los programas sociales para personas de la tercera edad, pero este dinero no alcanza, por lo que debe salir a las calles en busca del sustento.
Habrá que esperar hasta la siguiente edición de Cumbre Tajín para volver a ser tomados en cuenta; mientras tanto, seguirán sembrando maíz, frijol y chile pal’ gasto; si sobra un poco, se podrá vender, si no, habrá que seguir en las calles ofertando su cultura.


