Llaman a cuidar los glaciares

De su existencia depende la disponibilidad del agua potable necesaria para las actividades humanas
Édgar Escamilla
Poza Rica
Las políticas actuales del manejo de los recursos hidrológicos del país no contemplan la recuperación de las cuencas altas de los ríos y se preocupan solo de los tramos donde se ubican los grandes conglomerados poblacionales e industriales, advirtió el investigador Víctor Hugo Soto Molina, del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Soto Molina ha realizado importantes investigaciones en torno a los glaciares mexicanos, en especial del ubicado en el volcán Citlaltépetl o Pico de Orizaba, donde advierte un proceso continuo de degradación, lo que llevaría a sus nieves perpetuas a extinguirse en las siguientes décadas, con impactos negativos en las actividades humanas y en el medio ambiente.
Señaló que los glaciares mexicanos datan de miles de años en la historia geológica de la Tierra; pero se tiene registrado que el más reciente crecimiento se dio durante la última edad de hielo, periodo después del cual han experimentado procesos de degeneración progresiva e irreversible.
Esto ha sido producto de los ciclos naturales del clima, alternancias de altas y bajas de la temperatura del planeta, de los que el ser humano ha sido testigo en una mínima fracción de la historia, por lo que aún no se llega a comprender la magnitud de estos fenómenos.
Una de las principales consecuencias que traerá consigo la extinción de los glaciares del Pico de Orizaba, será la falta de disponibilidad de agua potable para las localidades asentadas en las laderas, que dependen exclusivamente de los escurrimientos provenientes del deshielo.
El interés de los investigadores, es que los gobiernos locales, estatales y federales, se anticipen a un futuro escenario en el que las cuencas de los ríos dejarán de recibir estos escurrimientos y se tomen las medidas pertinentes.
Tan solo de las 25 localidades cercanas al volcán, la población se encuentra despreocupada por la disponibilidad del recurso hídrico dado su excedente actual, que es resultado de la continua y acelerada degradación del glaciar.
Enfatizó que un glaciar es un ecosistema que tiene sus propias ofertas y demandas para poder subsistir, pero la degradación sufrida en las últimas décadas habla de afectaciones que son irreversibles. “Es un fenómeno natural; aunque nos juntemos todos para empujar el planeta para un lado es imposible revertirlo”, dijo.
Conminó a seguir el ejemplo de Chile, país en el que se cuenta con una legislación específica para la explotación y protección de los glaciares.
Desafortunadamente, las políticas mexicanas actuales en materia hídrica solo se preocupan sobre procurar subsanar las cuencas hidrológicas donde existe más gente, regularmente en las cuencas bajas y no en las partes altas, donde tienen su origen.
Un ejemplo es la cuenca del río Jamapa, donde hay gestiones de saneamiento y recuperación, enfocadas a la región de Córdova - Orizaba - Veracruz, donde existen zonas industriales que toman agua de los ríos para sus procesos industriales, así como mayores grupos poblacionales; “pero no voltean hacia la cuenca alta, no les importa”.
Reconoció que si bien las actividades humanas han influenciado en las modificaciones climáticas a partir de la Revolución Industrial, cuando se incrementa la producción de dióxido de carbono, el cambio climático es un fenómeno natural y cíclico.


