Viacrucis de ex policías

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Sin poder acceder a recursos del IPE

SSP se niega a entregar constancias de sueldo a expolicías intermunicipales

Édgar Escamilla

Poza Rica

A dos meses de haber sido coaccionados a firmar su renuncia voluntaria tras la extinción de la entonces Policía Intermunicipal Poza Rica – Tihuatlán – Coatzintla, los más de 300 expolicías continúan luchando porque se les reconozcan sus derechos y se les entregue el monto correspondiente a sus aportaciones al Instituto de Pensiones del Estado (IPE), pero desde la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) les siguen poniendo trabas para acceder a sus ahorros.

El uno de julio de este año, por instrucciones del gobernador Javier Duarte de Ochoa, la SSP implementó el operativo Blindaje Norte, extinguiendo la última de las policías intermunicipales creadas durante la administración estatal de Miguel Alemán Velazco.

 

De la noche a la mañana, más de 300 familias perdieron su única fuente de ingresos; policías que habían laborado en la corporación por más de 20 años, fueron obligados a firmar sus renuncias “voluntarias” o de lo contrario, debían acudir a un curso de adiestramiento impartido por la Secretaría de Marina Armada de México.

A partir del siguiente día, los expolicías iniciaron trámites para interponer denuncias ante la Secretaría de Trabajo en reclamo de los finiquitos correspondientes en relación a la antigüedad de cada uno de los elementos despedidos.

Paralelo a ello, han buscado la manera de que el Instituto de Pensiones del Estado les reintegre sus aportaciones para el retiro, descontadas durante los años que sirvieron a la policía dependiente de la SSP.

Aunque los montos son diferentes de acuerdo al grado y la antigüedad de cada uno de los ex policías, la cuota les era descontada de su salario, al igual que las cuotas del IMSS y del seguro de retiro.

Han acudido a las instalaciones del IPE en la ciudad de Xalapa, dónde únicamente les solicitan una constancia de sueldos que debe ser expedida por la SSP y con ello reintegrarles sus aportaciones; sin embargo, la dependencia para la cual trabajaron durante años se niega a extenderles tal documento.

A reserva de las identidades de los expolicías que denuncian el caso, a fin de evitar mayores represalias en su contra, señalan directamente al titular de la Unidad Administrativa de la SSP, Alejandro Contreras Uscanga, de darles largas en torno al documento que les es requerido por el IPE.

“No queremos mayores problemas con la Secretaría (de Seguridad Pública), estamos luchando porque se nos reconozca la antigüedad, muchos de nuestros compañeros quedaron con heridas, otros enfermos, por haber cumplido con las órdenes del mando; solo queremos que del IPE nos devuelvan todo lo que cotizamos para nuestro retiro, pero si de por sí no tenemos dinero, vamos a Xalapa, son gastos, nos dicen que vayamos otro día o que ellos nos llaman y es la fecha que no nos pueden entregar el documento”, relató uno de los expolicías.

Boletinados

Han pasado dos meses desde que quedaron sin trabajo, justo al cierre del ciclo escolar. Con el dinero que les depositó la SSP algunos de los policías, padres de familia, cumplieron con los compromisos en las escuelas de sus hijos, pero han tenido dificultades para iniciar el siguiente ciclo.

En la sala de la casa de un expolicía, cuelga uno de los reconocimientos que recibió por su labor; desde el fondo de la cocina se percibe el olor a frijoles en cocimiento. “No hay pa’ más”, comenta, pues deben administrar bien los pocos recursos con que cuentan.

Aunque ha tratado de encontrar trabajo, este le ha sido negado en cuanto los empleadores se enteran de que formó parte de la policía intermunicipal. Ser expolicía se ha convertido en una clase de estigma.

“A los pocos días de que se acabó la Inter, alguien con toda la mala intensión colgó una lona diciendo que contaba con el apoyo de todos los expolicías, eso es falso completamente, aquí me ves, en mi casa, con mis hijos, sacando algunas chambitas para sacar para la comida”.

La buena sazón de su esposa le sirvió para abrir un pequeño comedor los fines de semana, pero se desespera de no poder encontrar un buen trabajo para mantener a su familia.

Decidió no arriesgarse a cursar el adiestramiento de la Marina por una lesión en las rodillas y en la zona lumbar, fruto de un enfrentamiento con delincuentes y por pasar tanto tiempo circulando en las viejas patrullas sin amortiguadores.

 

“¿A qué iba? Varios de mis compañeros que firmaron y se fueron, poco más de 80 policías, ya regresaron, casi la mitad, la orden era reventarlos (mediante un adiestramiento excesivo) para que solitos desertaran allá en México…No tenía caso”.