Amarga Navidad para productores de pinos

-Llegan a obtener 20 pesos de ganancia por cada árbol que demoró crecer de dos a diez años
Por Édgar Escamilla
Cada pino que se adorna en los hogares mexicanos lleva consigo una historia de esfuerzo y dedicación por parte de quienes procuran su cuidado durante todo el año; son los productores de árboles de Navidad, que según la Comisión Nacional Forestal (Conafor), cada año abastecen con cerca de 1.8 millones de árboles el mercado nacional, a los cuales designa más de 109 millones de pesos como apoyo para la producción.
Refugia Aguirre Hernández se dedica desde hace ocho años al cultivo de árboles de Navidad, su esposo, Juan, lo realiza desde hace más de 40 años allá en el municipio de Tlaola, ubicado en las cercanías de Tenango de las Flores, Puebla; lugar en el que se reúnen muchos de los productores para ofrecer tanto árboles como plantas de especies florales.
Allá en Tlaola, cuenta que tienen más de 20 mil árboles sembrados, de las especies Pino Chino (Pinus leiophylla) y Cedro Blanco (Cupressus lindleyi). Durante todo el año están al cuidado de las plantas, única fuente de ingresos.
Para lograr cada pino que llega a esta ciudad, los productores deben durante el año pagar peones, primero, para crear los acodos, que son ramas de las que se generarán nuevos árboles. Después, contratan nuevamente personal para proceder a sembrar los acodos y luego limpiar de maleza el terreno. Cada árbol debe ser limpiado de las ramas secas cada tres meses.
“Todo el año los cuidamos, es como si fueran nuestros hijos, son nuestra familia, los queremos mucho. Si les dejamos la hierba salen bien secos de abajo, así que todo el año les estamos invirtiendo”, comparte la señora Refugia, quien calcula que al menos invierten cerca de veinte mil pesos para lograr buenos árboles.
Para transportarlos hasta Poza Rica, debió pagar un flete de tres mil pesos, además del permiso ante el ayuntamiento para poder instalarse en el camellón de la avenida Manlio Fabio Altamirano, donde además debe competir con los revendedores, que previamente acudieron a Tenango a comprar los árboles.
Los revendedores adquieren cada árbol a 80 pesos, por lo que deben ofrecer un producto más caro para poder tener una ganancia.
Cada uno de los árboles se llega a vender entre 100 a 250 pesos, dependiendo el tamaño. Los productores llegan a obtener una ganancia de 20 pesos por árbol. “A veces no sacamos ni lo del día, están muy bajas las ventas, parece ser que la gente ahora prefiere comprar un pino de plástico”.
Este año tiene la esperanza de poder vender al menos 300 árboles, lo que le dará un margen de ganancia muy pequeño, tomando en cuenta la inversión que deben realizar y el tiempo necesario para que cada árbol esté listo para ser arrancado de la tierra, desde dos hasta más de diez años, dependiendo el tamaño que se requiera.
A su lado, un par de niños juegan entre los árboles, sus dos pequeños hijos que, a partir de los tres primeros años de vida han comenzado a sembrar sus primeros acodos. El mayor de ellos ya cuenta con cien árboles para vender.
Trabajando la tierra durante todo el año, no les queda más que esforzarse por producir árboles de calidad, de apariencia agradable a los clientes para tratar de recuperar un poco de la inversión realizada.
Desde el 25 de noviembre, con ayuda de peones a los que les pagan diez pesos por cada árbol arrancado, comienzan a castigar a los pinos, es decir, amarran sus ramas para darles la forma cónica característica.
Sin ningún tipo de apoyo gubernamental, los productores de pino fincan sus esperanzas en que éste año más personas prefieran los árboles naturales, cuyo cultivo da sustento a centenares de productores tanto de Puebla como de Veracruz.


