Apoyemos a Elliot

-Requiere de una silla posicionadora para continuar con sus terapias de rehabilitación
Por ÉDGAR ESCAMILLA
Elliot, cuenta con 16 años de edad, tiempo durante el cual ha vivido sujeto a una silla de ruedas a causa de la parálisis cerebral espástica que presenta desde su nacimiento y, aunque recibe terapias de rehabilitación, al no contar con recursos económicos, su abuela materna, quien se ha hecho cargo de él, no puede adquirir el sillón ortopédico y un chaleco que necesita para continuar con sus terapias, por lo que un grupo de personas buscan reunir los 14 mil pesos que se requieren para la compra de este equipo.
Por definición, la parálisis cerebral se trata de “un grupo de incapacidades motoras producidas por un daño en el cerebro del niño, que pueden ocurrir en el periodo prenatal, perinatal o postnatal”, en el caso de Elliot, está diagnosticada como espástica, es decir, el tono de sus tendones y sistema muscular no le permiten realizar movimientos, por lo que toda su vida ha sido dependiente de alguien más, para realizar todas sus necesidades, desde comer y vestirse, hasta para bañarse.
Guillermo del Ángel Silva, de la iglesia de La Lupita y un grupo de personas, buscan ayudar a Elliot, para conseguir el dinero necesario para la compra de un sillón ortopédico que lo pide el CRIT, donde está recibiendo terapias desde hace cinco meses.
Este sillón tiene un precio de 11 mil, 244 pesos, pero además requiere de un chaleco especial con valor de 2 mil, 800 pesos, mientras encuentran la manera de que alguna persona les done una silla de ruedas, ya que las condiciones de la que usa actualmente no son apropiadas para continuar con su rehabilitación.
Si bien han recibido apoyo de parte de feligreses de la iglesia, la cantidad reunida no es suficiente, por lo que buscan la colaboración de la sociedad para reunir la cantidad necesaria y comprar el equipo ortopédico, por lo que están recibiendo donaciones en la cuenta 4766840361683498, de Banamex.
Margarita Escoto Salgado, abuela materna de Elliot, refiere que tras la muerte de su hija, ella se hizo cargo del pequeño, mientras el resto de la familia les dio la espalda y fueron echados de la casa donde vivían en Uruapan, Michoacán.
Hace cinco años llegaron a Poza Rica y comenzó a trabajar realizando labores domésticas, además de que ha recurrido a la generosidad de la gente, instalándose cotidianamente en Punto Plaza junto con Elliot, para pedir algunas monedas a las personas que pasan, soportando frío, calor o lluvias.


