Vivir en tierra de huachicoleros
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-Los empleados de Pemex se han coludido con el crimen organizado y les han enseñado las técnicas necesarias para “ordeñar”
DE LA REDACCIÓN
El camino que lleva a la comunidad El Mango, en el municipio de Tierra Blanca es terroso, el polvo se mete por las fosas nasales y el calor supera los 32 grados centígrados. Allí es fácil encontrar hombres con uniforme de camuflaje verde olivo y botas, son soldados que vigilan una estación de rebombeo y varios kilómetros de ductos de Pemex.
Ante la presencia de vehículos extraños realizan algunas revisiones, no permiten fotografías ni videos y tratan de guarecerse del sol bajo techos de palma o una pequeña construcción vieja de material.
Pero ni ellos, ni los empleados Salvaguardia Estratégica que deambulan en camionetas por la zona, pudieron evitar que el 13 de mayo del 2017 cuatro personas, entre ellas dos niños, murieran a causa de una explosión en una toma clandestina. Viajaban en un vehículo particular y el combustible regado fue lo que provocó el accidente.
Moisés Martínez Contreras, hijo de Martín Martínez Moguel -uno de los cuatro que murió en aquella explosión- recibió del gobierno de Veracruz cuatro ataúdes, café y pan para velar a su familia. No más.
Él dice sentir miedo por las tomas clandestinas que hay a lo largo del camino que debe andar diariamente, esas en las que sus seres queridos murieron calcinados y donde entre la caña y la tierra barrosa destacan cuatro cruces de hierro.
“Ya vive uno traumado, pero a dónde va a ir uno, si aquí es donde yo nací y aquí crecí…Por otro lado, no puedo ir a otro lado…viviendo con el temor de que vivi-mos al pie de los ductos, pero ya no nos queda de otra más que aguantar”, dijo Moisés.
La zozobra en la que vive Moisés es similar a la de cientos de pobladores en los municipios de Veracruz, uno de los estados donde se han encontrado el mayor número de tomas clandestinas en México, mil 338 hasta octubre del 2018.
El ducto que sale de la refinería desde Minatitlán llega a Tierra Blanca y de ahí toma rumbo hacia la zona centro, donde algunos municipios hacen frontera con el estado de Puebla, número uno en robo de combustible, principalmente en el llamado Triángulo Rojo.
Municipios como Omealca, Ixtaczoquitlán y Cuichapa encabezan la lista de aseguramientos en el centro del estado de Veracruz. Ahí la gente mira con desconfianza a los fuereños que circulan por los caminos rurales, poco les dirige la palabra y si se pregunta por la situación de seguridad simplemente cambian el tema.
El huachicol sigue un camino de ductos, retenes militares, carros calcinados e imágenes de la Virgen de Guadalupe por zonas preponderantemente rurales. Sin embargo, también se infiltra en las ciudades, puntos de venta surgen en colonias populares de las periferias.
Los huachicoleros adoptaron estrategias similares al del tráfico de drogas para transportar la gasolina sin ser detectados. Aunque algunos siguen utilizando pipas robadas, otros optan por el camuflaje.
Un tanque cuadrado de gran volumen es colocado en la parte trasera de los camiones, posteriormente es cubierto por la fruta o con arena de construcción para que no sea detectada en las inspecciones carreteras.
En Tetelzingo, una comunidad de Coscomatepec, esa es la forma en que se vende el combustible robado. Desde la parte trasera de camionetas de redilas surgen unas gruesas mangueras con las que se rellenan recipientes más pequeños. El producto se ofrece a pie de carretera a la espera de compradores.
En otro pueblo, cerca de Xalapa -capital del estado-, todos los habitantes saben quién es el que vende gasolina en el patio trasero de su hogar. Diez pesos por litro es el precio que fija el despachador, uno muy por debajo de los aproximadamente 19 pesos (un dólar aproximadamente) que vale en cualquier gasolinera.
“En mi rancho se vende (huachicol) como si fuera queso”, relata una habitante.
En la ciudad de Veracruz son casas de interés social las que generalmente se usan como puntos clandestinos de venta. Los lugares asegurados por la PGR actualmente se encuentran abandonados, sin embargo, en su interior aún hay algunos tambos vacíos.
Los huachicoleros de Pemex
Una de las mayores dificultes para combatir el robo de combustible es que los huachicoleros operan desde el interior de Pemex. Son empleados de confianza o sindicalizados coludidos con la delincuencia organizada.
El propio presidente de México reconoció la participación de trabajadores de la petrolera en el robo de combustible y por ello lanzó su plan del uso del Ejército y la Marina.
“No se trata de la simple ordeña de ductos, sino de un esquema de robo y de distribución de combustible de gran escala”, declaró Andrés Manuel López Obrador.
Por su parte la Procuraduría General de la República ya tenía conocimiento de esta situación desde tiempo atrás y así lo demuestran sus manuales de capacitación para combatir dicho delito.
Los empleados de Pemex se han coludido con el crimen organizado y les han enseñado las técnicas necesarias para “ordeñar”, así lo confirmaron fuentes de seguridad y ex trabajadores de la empresa, que fueron consultados por este medio.
“Las instituciones son incapaces de controlar este grave flagelo. Aún reunidos todos los aparatos gubernamentales, no logran detener el caos emanado de la corrupción que desafortunadamente atañe principalmente a Pemex”, señala un documento interno de la PGR.
En total a nivel nacional, entre 2006 y 2017, se han detectado 156 trabajadores y 22 ex trabajadores de Pemex involucrados con los huachicoleros, es decir la mayoría se encontraban en activo.
A nivel nacional Veracruz ocupa el primer lugar de huachicoleros de Pemex, entre 2006 y 2017 fueron señalados 35 trabajadores y un ex trabajador y durante el mes de marzo del 2018, Pemex y la Secretaría de la Función Pública (SFP) anunciaron en una comunicación oficial, que se encontraba investigando a ocho trabajadores más de la empresa.
El conocimiento que tienen los trabajadores de Pemex sobre cómo funcionan los ductos es de alto valor. Eso permite instalar las válvulas clandestinas y extraer el combustible.
Mario Díaz Ortega, representante de la Coordinadora por la Defensa de Pemex (CDP), ex empleado de la empresa y disidente del sindicato, dijo que es necesaria información desde el interior para llevar a cabo la ordeña.
Añadió que un incentivo para ser huachicolero es el dinero, otro podría ser preservar la vida.
“Es lógico que haya trabajadores inmiscuidos, porque aplican la misma idea que los huachicoleros. ¿Quieres plata o plomo? Es obvio que los trabajadores van a tener que optar por una opción, pues si se oponen, está en riesgo su vida”, explicó.
De acuerdo con una fuente consultada, que funge como operativo en las fuerzas de seguridad estatales, la demanda de la mano de obra especializada ha ido al alza en los últimos años y con ello el costo por el servicio de los expertos.
Hace diez años la colocación de una toma clandestina costaba alrededor de 40 mil pesos, hoy en día el costo asciende a más de 300 mil pesos, más una renta mensual por su uso, de acuerdo con el testimonio anónimo de una fuente de seguridad.


