Recuerdan a José María Morelos y Pavón
![]()
-El legado del Siervo de la Nación sigue vivo hasta nuestros tiempos: Jaime Herrera
DE LA REDACCIÓN
El legado de José María Morelos y Pavón continúa vivo hasta nuestros tiempos, con su lucha desde abajo por los desposeídos, los olvidados y un trabajo para la construcción de un futuro mejor, que todos los días seguimos construyendo los progresistas de la mano del pueblo, porque solo así se lograrán las grandes transformaciones que México necesita, aseguró el regidor comisionado en Educación Jaime Herrera Flores, al dirigir el mensaje a nombre del alcalde, Francisco Javier Velázquez Vallejo, en el acto conmemorativo al 254 Aniversario del Natalicio del Siervo de la Nación.
Dijo que por ello, en este día las banderas nacionales de todo México y sus representaciones, en el extranjero, ondean, a toda asta, saludando al mundo porque ha nacido un gran hombre, el bachiller don José María Morelos y Pavón, un sacerdote, militar, un insurgente, pero, sobre todo, un patriota mexicano, nacido en el pórtico del convento de San Agustín en Valladolid, Capital de Michoacán.
Fue hijo de padre carpintero, nieto de cultivadores de moras; su abuelo le enseñó sus primeras letras, a los 14 años comenzó a trabajar en el campo donde fue atajador, arriero y vaquero. Es decir, “fue un hombre humilde que vivió las penurias y las carencias que sufría la mayoría de los mexicanos. Durante el virreinato, época en la que la esclavitud y el feudalismo convivían en el territorio mexicano. Sin embargo, por afición estudiaba gramática, lo que le permitió conocer a muchos de los más grandes pensadores del mundo como los clásicos y los ilustradores, en una época de profundos cambios sociales en Europa”.
Dijo que a los 25 años volvió a su pueblo natal, tras la muerte de su padre para apoyar a su madre. En esa época, siendo ya un adulto joven decidió tomar los hábitos, por lo que ingresó al colegio de San Nicolás Obispo, escuela donde antes habían pasado Miguel Hidalgo, José Sixto Verduzco, José María Izazaga e Ignacio López Rayón. En 1795 se graduó como sacerdote y en 1799, fue designado cura de Carácuaro, donde permaneció hasta 1810, llevando una vida normal como sacerdote trabajando, con los nativos purépechas, contribuyendo a las causas de la Iglesia hasta el 20 de octubre, 35 días después del Grito de Dolores.
Conoció a Miguel Hidalgo y se suma a la lucha Insurgente de la que se vuelve Generalísimo, tras la muerte del padre de la patria y la aprehensión y ejecución de los capitanes Aldama, Abasolo, Jiménez y Allende. Desde 1811 hasta 1815 dirige al Ejército Insurgente en lo que se conoce como la segunda etapa de la lucha por la Independencia de México.


