Se tensa relación Madrid-Barcelona

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-Por protestas en Cataluña

AGENCIA

Las algaradas de los últimos días en las calles de las principales ciudades catalanas provocaron el deterioro de las ya de por sí pésimas relaciones entre los gobiernos de España, presidido por el socialista Pedro Sánchez, y en el catalán, del independentista Quim Torra. Desde Madrid ni siquiera se contestan las llamadas telefónicas que llegan desde Barcelona para intentar encontrar una salida política y negociada al conflicto que mantiene en vilo a la región y al resto del país. Las protestas a la sentencia del Tribunal Supremo cumplieron su séptimo día, con menos intensidad y afluencia, pero con las mismas reivindicaciones: amnistía para los políticos presos, respeto al derecho de autodeterminación y la celebración de un referendo de independencia.

Mientras los servicios sanitarios siguen arrojando datos preocupantes sobre la escalada de violencia en Cataluña: más de 600 heridos, cuatro de ellos con la pérdida total de un ojo, otra joven de 30 años en estado muy grave por heridas en la cabeza y un policía también en estado de extrema gravedad, los políticas catalanes y españoles siguen sin encontrar la fórmula para sentarse a dialogar y darle un cauce a la crisis. Más aún, ahora ni siquiera hablan entre ellos.

Desde la oficina del presidente del gobierno español y del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se repitió el mismo argumento: hasta que Quim Torra no condene sin ambigüedades ni miramientos la violencia no tienen previsto contestar sus llamadas telefónicas ni sentarse en la misma mesa. El mandatario catalán, que mezcla su activismo político a favor de la independencia con sus actividades como máxima autoridad en la región, ha centrado sus últimas intervenciones en advertir a las fuerzas policiales que actúen con mesura y proporcionalidad, además de hacer un llamado a la calma para que cese la violencia.

Pese a esto, desde Madrid se entendió que era insuficiente y se criticó especialmente que atribuyera los actos más graves de violencia y el incendio de barricadas de fuego por todas las ciudades como obra de supuestos “infiltrados”, cuando ellos aseguran que la inmensa mayoría de los responsables forman parte del movimiento independentista, en su vertiente más radical y son en su mayoría jóvenes cercanos a grupos anarquistas afines al secesionismo.