Crecen marchas masivas en repudio a golpistas
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AGENCIA
Esta vez fueron campesinos con ponchos rojos, hombres y mujeres con sombreros, venidos de lejos, de arriba en los altiplanos. Luego se sumaron de la ciudad de El Alto, los que pudieron llegar, otros fueron retenidos al intentar acercarse hasta el centro. La Paz ha pasado a ser el escenario de movilizaciones masivas diarias, cabildos, represiones, un río revuelto contra un golpe de Estado.
La jornada esta vez terminó sin gases lacrimógenos ni motos y los policías y militares se mantuvieron en el habitual cerco a la Plaza Murillo, centro del poder político nacional, donde se encuentra la sede de gobierno, el Poder Legislativo y la vicepresidencia.
En esas cuadras tuvieron lugar hechos centrales ocurridos ayer. Por un lado, el Senado eligió a una nueva presidenta: Eva Copa, oriunda de la ciudad de El Alto, al igual que el presidente de la Cámara de Diputados elegido la noche anterior, Sergio Choque. Con el juramento de ambas nuevas presidencias, pertenecientes al partido del Movimiento Al Socialismo (MAS), el cual cuenta con dos tercios, quedó así redefinida la directiva del Poder Legislativo.
En simultáneo, la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez dio posesión a cinco ministros más en su gabinete. Dos de ellos, nombrados el miércoles, hicieron declaraciones que alertaron sobre las políticas que llevará adelante el gobierno nombrado fuera de la Constitución, en un intento por construir una imagen institucional.
El primero fue el ministro de gobierno transitorio, Arturo Murillo, quien anunció que emprenderá una cacería contra tres ex funcionarios de la administración derrocada: Raúl García Linera, Juan Ramón Quintana y Hugo Moldiz, por sediciosos.
La segunda fue la ministra de Comunicación, Roxana Lizarraga, quien amenazó a los periodistas o seudoperiodistas, tanto nacionales como internacionales, que hagan sedición.
Los pocos anuncios que ha dado el gobierno transitorio, donde también fueron electos altos mandos de la Fuerza Armada Bolivia y de la Policía Nacional, han sido un redoble de amenazas dentro de un cuadro general de noticias de represiones, muertos, heridos, enfrentamientos y militares desplegados en calles y carreteras.
La estrategia golpista enfrenta una contradicción inevitable. En efecto, se trata de un golpe de Estado que niega serlo, busca construirse una institucionalidad fuera de la ley para sostener esa narrativa, pero en los actos de autoproclamación y anuncios de cacerías contra dirigentes y periodistas deja ver su carácter antidemocrático.


