Médicos enfrentan a diario el virus

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AGENCIA

Del miedo, a la resignación; del estrés, a la confianza en sus compañeros; del desencanto, a la necesidad de seguir adelante, un día a la vez. En esa montaña rusa de sentimientos y emociones han tenido que aprender a trabajar los médicos y enfermeras que se enfrentan todos los días a la pandemia de Covid-19 en México, donde el panorama general es de pesimismo, pero en el cual también existen momentos de luminosidad y ánimo ante lo adverso.

Una de las historias de este mosaico es la de Juan Carlos –nombre ficticio–, médico urgenciólogo que se enfrenta al coronavirus en la primera línea de batalla en un hospital del estado de Querétaro. De las 7:30 de la mañana a las 2 de la tarde, de lunes a viernes, se encarga de atender a los pacientes de Covid-19, como parte de un equipo de cuatro especialistas.

Lo más difícil es llegar bien desayunados e hidratados y entrar al baño antes de cambiarnos para entrar al área Covid, porque después, si te cala la mascarilla o te da comenzón, tienes que aguantarte hasta que llegue el otro equipo. Pero dentro de lo malo, sé que no estamos como los compañeros del turno nocturno que sufren más porque les toca trabajar hasta 11 horas seguidas.

Aunque el nosocomio donde trabaja Juan Carlos afortunadamente no está saturado y los médicos cuentan con el equipo que necesitan para laborar con seguridad, no deja de haber carencias: hay pocos overoles y botas quirúrgicas y los cubrebocas N-95 no sellan del todo bien, lo que ha obligado a los médicos a comprarse su propio equipo.

En un principio estábamos renuentes y molestos porque no había suficiente material, pero ahorita ya estamos en la fase de la aceptación. Entramos con miedo, sí, pero pesa más la vocación y el juramento (de Hipócrates, para cuidar la salud y vida de los enfermos), expresa.

En la Ciudad de México, mientras tanto, la doctora Carmen –también un nombre ficticio para evitar posibles represalias–, se animó a pedir unos cuantos días de descanso para alejarse un momento del estrés y hacer que el equipo de protección que ella pagó de su bolsillo para cuidarse al momento de analizar cadáveres, le dure un poco más.

ESTOY MÁS QUE MOLESTA

“La Secretaría de Salud nos dio nada más una batita más transparente que un baby-doll, un cubrebocas sencillo, una botellita de gel, un jaboncito como el de los hoteles y un par de guantes. Estoy más que molesta, porque mi riesgo aumenta al N por ciento y nadie me confirma si los cuerpos que veo son de Covid o no, y me tengo que exponer al revisar el cadáver”, afirma.

El miedo que sienten Carmen y otros compañeros aumentó luego de saber que hace apenas unos días falleció otro médico legista.

No me quiero volver a deprimir como el fin de semana pasado que para mí fue devastador, pero veo un panorama bastante sombrío, porque lo que estamos haciendo es como entrar a la guerra encuerados, ya no digamos sin fusil.