LA QUINTA TRANSFORMACIÓN / DEL MÉXICO 1986 AL 2026, DEL MUNDIAL POPULAR AL NEGOCIO GLOBAL / POR. DARÍO CELIS

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ENTRE EL MÉXICO que organizó el Mundial de 1986, con una FIFA bajo la presidencia de João Havelange, y el que hoy repite escenario con Gianni Infantino al frente del organismo rector del futbol internacional, hay una diferencia que va mucho más allá de la economía, y es el paso de un evento deportivo a una maquinaria global de negocio.

Hace 40 años, la FIFA era un organismo poderoso, sí, pero todavía muy lejos del monstruo comercial que es hoy. Havelange inició la expansión del futbol como producto, pero aún existía un margen que permitía que el Mundial conviviera con la economía local de forma más orgánica.

Los restaurantes, los bares y hasta los vendedores ambulantes eran parte natural del ecosistema. Nadie hablaba de licencias para transmitir partidos ni de restricciones por usar un logotipo en una pared. Hoy, en los tiempos de Lamine Yamal, Kylian Mbappé, Erling Haaland, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, el panorama es radicalmente distinto.

De cara al Mundial 2026, la FIFA ha endurecido sus reglas comerciales a niveles que ya generan molestia en sectores como el restaurantero. Negocios que tradicionalmente capitalizaban el torneo, ahora enfrentan restricciones severas: no pueden usar logos oficiales, ni frases asociadas al evento, ni siquiera decorar libremente si eso sugiere un vínculo con el torneo, sin autorización.

Más aún, transmitir los partidos con fines comerciales implica pagar derechos específicos y cumplir regulaciones que, de no respetarse, pueden derivar en sanciones económicas al sector que en la CDMX representa Jack Sourasky. El Mundial parece ser ya no es una fiesta abierta, es un producto controlado.

Y ahí está uno de los mayores contrastes con 1986.

En aquel entonces, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, el futbol seguía siendo, en términos prácticos, un espectáculo popular. Los boletos, pese al contexto de crisis económica, eran accesibles.

Bastaba medio día de trabajo para pagar una entrada económica.

Hoy, la historia dista mucho de ese entonces, ahora para asistir al partido inaugural en 2026, un trabajador promedio necesita el equivalente a cerca de 20 días de salario mínimo.

La brecha es fiel reflejo de la transformación del Mundial en un evento aspiracional más que accesible.

Basta ver el costo de las entradas para 2026, que arrancan en alrededor de 60 dólares, pero escalan rápidamente hasta superar los seis mil 500 dólares en la final, con paquetes premium que alcanzan cifras mucho más altas.

Y si se busca una experiencia “completa”, la llamada hospitality eleva aún más la barrera de entrada: paquetes que pueden ir desde los mil 600 hasta más de siete mil dólares, con antecedentes de ediciones recientes donde el lujo superó, incluso, los 30 mil dólares.

El fenómeno no se limita a los boletos. El consumo alrededor del Mundial también cambió. En Qatar 2022, por ejemplo, los precios de alimentos y bebidas en zonas oficiales fueron ampliamente criticados: una cerveza sin alcohol podía costar hasta 12 euros y una comida sencilla superaba fácilmente los estándares habituales.

Nada de eso existía en el México de 1986, con la emblemática escuadra que conjuntaba personajes como Hugo Sánchez, Manuel Negrete, Carlos Hermosillo, Tomás Boy, Miguel España, Fernando Quirarte o Javier Aguirre.

Hoy, además, el negocio está cuidadosamente segmentado: patrocinadores exclusivos, zonas controladas, experiencias premium y una estricta protección de propiedad intelectual. La FIFA no sólo organiza un torneo; administra un ecosistema económico global donde cada peso está contabilizado.

El contraste es inevitable. El Mundial de 1986 fue, en esencia, un evento que México absorbió y adaptó a su realidad. El de 2026 es un modelo que México debe cumplir.

Antes, el futbol se metía en la vida cotidiana. Hoy, es la vida cotidiana la que tiene que ajustarse al futbol como industria ¿En qué momento el mayor espectáculo del mundo dejó de ser de todos?

Porque entre el Azteca de Diego Armando Maradona y el Azteca de 2026, lo que realmente cambió no fue el balón. Fue el negocio.

APENAS UN DÍA antes de la inauguración del Mundial 2026, Donald Trump lanzó un nuevo dardo contra sus coanfitriones de la referida justa al declarar que no estaba seguro de la conveniencia de renovar el T-MEC en virtud de que Estados Unidos no necesita de nada de lo que tengan México y Canadá. La declaración de Trump de ayer, así como muchas otras realizadas por el representante comercial Jamieson Greer, son, de acuerdo con la lectura del equipo cercano de Marcelo Ebrard, prueba del desdén que prevalece en las élites gobernantes por el sistema de libre comercio sin aranceles. Lo que México requiere, según esta visión, es entender que existe un cambio en el paradigma mundial de comercio que prevaleció a partir de la década de los años 80 y buscar que, dentro del nuevo modelo que se reconfigura, tener una ventaja relativa frente a los demás países para acceder al mercado estadounidense. Vivir en la nostalgia del TLCAN no sirve ni es realista. Tal es entonces el objetivo de Ebrard para su visita de la próxima semana Washington, donde lejos de doblarse, como acusó un detractor, buscará preservar y fortalecer las condiciones que le han permitido a México consolidarse, en los últimos meses, como el principal exportador a la Unión Americana.

LA PRESIDENTA CLAUDIA Sheinbaum sostuvo un encuentro en Palacio Nacional con el director ejecutivo de J.P. Morgan, Jamie Dimon, para dialogar sobre el panorama económico de México. Durante la reunión, destacaron las perspectivas favorables del país en el contexto internacional. La mandataria subrayó la fortaleza de la economía mexicana como uno de los puntos centrales de la conversación. También abordaron la relevancia de la agenda comercial en Norteamérica y su impacto en el desarrollo regional. Dimon encabeza una de las instituciones bancarias más importantes del mundo, como lo es JPMorgan Chase, que cuenta con activos por más de 3.2 billones de dólares y presencia global. La firma mantiene liderazgo en banca de inversión, servicios financieros y gestión de activos.

Y YA QUE hablamos de la Presidenta, señaló que la apertura del Fan Fest del Mundial 2026 en el Zócalo aún no está garantizada, debido a las protestas de la CNTE, aunque este evento inicia hoy. Claudia Sheinbaum indicó que se evaluarán las condiciones para determinar si el evento puede llevarse a cabo como estaba previsto. A pesar de ello, aseguró que no existen riesgos para la llegada de aficionados al Estadio Ciudad de México. Subrayó que la organización general se mantiene bajo control en la capital. La decisión sobre el uso del Zócalo se tomará horas antes de la inauguración. En caso de no abrirse, existen 18 sedes alternas donde se transmitirán los partidos. La mandataria, incluso, contempló seguir el encuentro desde Palacio Nacional.