POLÍTICA URBANISTA GLOBAL / NUEVO ORDEN LABORAL MUNDIAL / Por. Arq. Braulio J. García Nieva
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México da un paso histórico. El Senado aprobó la reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas semanales. No se trata únicamente de trabajar menos, sino de trabajar mejor. La reforma del artículo 71 de la Ley Federal del Trabajo que se viene largamente discutiendo desde finales de 2023, modifica el marco y responde a una demanda social que busca equilibrar productividad y calidad de vida. Se trata de un ajuste de reducción progresivo que pretende modernizar el mercado laboral sin comprometer la competitividad, apostando por un nuevo balance entre justicia social y eficiencia económica.
Mientras tanto, en Canadá la jornada estándar ya se sitúa en 40 horas semanales, con esquemas flexibles y una sólida protección sindical. En Estados Unidos, la referencia legal también establece las 40 horas como estándar desde hace décadas; sin embargo, la cultura laboral mantiene extensiones frecuentes mediante horas extra y menor regulación comparativa frente a otras economías desarrolladas. En ambos casos, la discusión contemporánea apunta a una idea central: la eficiencia se mide por resultados, no por horas-silla.
Y hablando de sillas, este no es el primer logro laboral reciente en México. Antes estuvo la llamada “Ley Silla”, que obliga a los empleadores a proporcionar asientos a trabajadores cuyas funciones les permitan alternar entre estar de pie y sentados. Puede parecer una medida menor, pero no lo es. Basta recorrer un supermercado: empleados en carnicería, panadería o cajas permanecen de pie durante jornadas completas sin posibilidad de descanso postural.
La reforma reconoció una realidad cotidiana invisibilizada durante años. El mensaje fue claro: dignificar el trabajo también implica atender lo básico. Ahora, con la reducción de la jornada, México rompe parcialmente el estigma de figurar entre los países con más horas trabajadas al año. La señal no es solo económica; es cultural.
En contraste, Argentina avanza en dirección opuesta. El Senado aprobó una reforma que permite jornadas de hasta 12 horas diarias bajo el argumento de la “flexibilidad”, además de introducir esquemas alternativos de indemnización y ampliar los periodos de prueba. Bajo la administración de Javier Milei, el país adopta una estrategia orientada a reducir costos laborales en un contexto de elevada deuda pública y fragilidad macroeconómica. Con una deuda cercana al 78% del PIB hacia finales de 2025 y compromisos significativos con el Fondo Monetario Internacional de la son 41,700.00 MDD, la apuesta parece clara: flexibilizar para atraer inversión.
Esta divergencia abre una pregunta de fondo, profundamente urbanista y humana: ¿estamos construyendo ciudades para trabajar o ciudades para vivir? Y múltiples manifestaciones desde pacificas hasta las mas radicales que necesitaron de las fuerzas policiales para su control.
La política laboral no es un asunto aislado de la planificación urbana. Más horas de trabajo implican más presión sobre la movilidad, mayor desgaste físico y mental, menor convivencia familiar y menos apropiación del espacio público. Por el contrario, jornadas más equilibradas pueden traducirse en ciudades con mayor dinamismo cultural, mejor salud pública y tejido social más fuerte.
La reducción en México no es solo una reforma laboral; es una política de bienestar con implicaciones urbanas. El anhelo de una vida digna comienza por recuperar el tiempo propio. La tendencia global sugiere que el desarrollo ya no se mide exclusivamente en producción, sino en calidad de vida y dignidad.
El mundo redefine el tiempo de trabajo. Y con ello, redefine también el modelo de ciudad y de sociedad que desea construir.


