POLÍTICA URBANISTA GLOBAL / BENDITA GUERRA MEMÉTICA Y LEGOS / Arq. Braulio J. García Nieva
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Bienvenidos a la guerra memética. Donde un Lego de Trump bailando con Satanás puede tener más poder de penetración que un comunicado de la Quinta Flota. Y donde la propaganda ya no busca parecer propaganda, busca parecer entretenimiento. Porque en 2026, la batalla por la atención es la batalla por la verdad.
Quien empezó con un juego en la plataforma "X" (antes Twitter) y en su propia plataforma Trump Media & Technology Group, ahora tiene un nuevo rival que sube a redes sociales y también ahí gana terreno. La diferencia es que este rival no gasta millones en campañas digitales. Gasta creatividad, velocidad y una comprensión profunda de cómo funciona el algoritmo. Así El que empezó jugando que es Donald Trump entendió antes que nadie que la política ya no se gana en los debates, sino en el feed. Su herramienta favorita fue "X", donde acumuló más de 88 millones de seguidores antes de ser suspendido tras el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Pero Trump no dependía de una sola plataforma. En 2022 lanzó Truth Social, su propia red social, operada por Trump Media & Technology Group (TMTG). Para marzo de 2026, TMTG reportó ingresos por aproximadamente 4.1 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2025.
Trump convirtió el meme en arma de guerra cultural. Desde "Covfefe" hasta "Trump Trading Cards", pasando por decenas de videos editados con música épica y filtros patrióticos. Su estrategia era clara: inundar el ecosistema con contenido que sus seguidores compartieran sin filtrar. Y funcionó. Su regreso a "X" en agosto de 2024, en entrevista con Elon Musk, acumuló más de 1.3 millones de espectadores simultáneos.
Pero lo que Trump no anticipó es que su propio juego sería usado en su contra. Y no por los demócratas. Por Irán.
Mientras Trump jugaba en "X" y Truth Social, un grupo de jóvenes iraníes de entre 19 y 25 años, autodenominado "Explosive Media", comenzó a producir videos con estética Lego que representaban a líderes estadounidenses e israelíes como villanos de caricatura y así el nuevo rival que gana terreno.
El 29 de marzo de 2026, publicaron un video de 109 segundos titulado "Venganza para todos". En él, un Lego de Donald Trump bailaba con una figura de Satanás, mientras un Lego de Benjamin Netanyahu ordeñaba una vaca con forma de Franja de Gaza. El video acumuló más de 150,000 vistas en "X" en cuestión de días.
El impacto fue inmediato. El 27 de marzo de 2026, YouTube suspendió la cuenta de Explosive Media por violar sus políticas de spam y contenido violento. Irán respondió formalmente: el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei, declaró que la suspensión era "para suprimir la verdad sobre su 'guerra ilegal' contra Irán".
Pero la suspensión no detuvo el fenómeno. Según Al Jazeera, Explosive Media no opera solo. PersiaBoi, Southern Punk y Nukta Media (con sede en Pakistán) producen contenido similar. Juntos, han inundado Telegram, Instagram Reels y TikTok con videos que combinan la estética inocente de Lego con imágenes de ataques reales: misiles, escuelas destruidas, soldados heridos.
La analista de comunicaciones citada por RTE lo explicó así: "Una declaración oficial cuidadosamente razonada puede ser estratégicamente sólida, pero si nadie la ve, su efecto práctico es limitado", y este nuevo fen{omeno ya tiene un nombre académico. The Guardian acuñó el término "slopaganda" (de "slop", contenido generado por IA de baja calidad, y "propaganda") para describir esta nueva forma de guerra informativa en una nueva batalla por la atención.
Los autores, Mark Alfano de Macquarie University y Michał Klincewicz de Tilburg University, señalan que el objetivo de estos videos no es engañar, pues nadie cree que Trump sea realmente un Lego, sino crear asociaciones emocionales duraderas. "Satanás está asociado con Trump", "Estados Unidos está asociado con el mal", "Israel explota Gaza como una vaca lechera", y por el contrario a estas tendencias que captan la atención global, la comunicación oficial de Estados Unidos parece anclada en el siglo XX. The Jerusalem Post documentó que las instituciones estadounidenses "a menudo luchan por producir contenido en línea que se sienta culturalmente nativo de las plataformas". Sus intentos de humor resultan "sobreproducidos, sobreaprobados e inconfundiblemente institucionales".
La Casa Blanca ha publicado videos propios, incluyendo clips de Wii Sports y SpongeBob mezclados con imágenes de ataques reales, pero los analistas coinciden: la propaganda moderna ya no necesita parecer propaganda, puesto que cuanto más se asemeja a la cultura ordinaria de Internet, más efectiva llegar a ser.
Y mientras tanto, en México…
Aquí no producimos Legos bélicos. Aquí compartimos memes de la mañanera, del precio de la gasolina y de las filas en las aduanas. Pero la lección es la misma: quien controla la atención, controla la narrativa.
En México, la guerra memética es contra la desinformación cotidiana. Según el Reuters Institute Digital News Report 2025, México es uno de los países con mayor consumo de noticias vía WhatsApp y Facebook, pero también uno de los que menos confianza tiene en los medios tradicionales.
El gobierno mexicano lo ha entendido. Las conferencias mañaneras primero con AMLO, ahora con Sheinbaum, han sido diseñadas no solo para informar, sino para generar memes, clips virales y frases de efecto. La diferencia es que México aún no ha aprendido a exportar esa narrativa. Nuestra guerra memética es doméstica. La de Irán es global.
La guerra memética no respeta fronteras, presupuestos ni credenciales. Un video de 109 segundos hecho con piezas de plástico puede mover más conciencias que un comunicado oficial de diez páginas. México lo sabe a medias — domina el meme doméstico, pero aún no habla al mundo. La lección de Irán no es imitar su propaganda. Es entender que, en la era del algoritmo, quien no cuenta su propia historia, deja que otros la cuenten por él. Y esos otros no siempre son amables


