POLÍTICA URBANISTA GLOBAL

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ADUANAS AL LÍMITE: MÉXICO ANTE EL GOLPE DEL NUEVO ORDEN COMERCIAL

POR. ARQ. BRAULIO J. GARCÍA NIEVA

El sistema aduanero del país se encuentra en su prueba máxima. La noche llegó antes de tiempo… y apenas eran las dos de la tarde.

Cuando un país decide transformar de raíz una estructura crítica, el proceso exige tiempo, precisión y ajustes progresivos. Sin embargo, hay un factor que México no tiene en este momento: margen. El cambio comenzó, porque el mundo no espera.

La analogía es simple. Imagine que se prepara para recibir familia, sale a comprar víveres y, al regresar, encuentra a veinte personas en la sala de su casa esperando comida. No llegaron tarde; llegaron antes de que usted estuviera listo.

Eso es lo que hoy enfrenta México.

Desde 2020, el país emprendió una estrategia profunda para recuperar el control de sus aduanas. La renuncia del entonces titular del sistema aduanero. En junio del 2020, evidenció un diagnóstico crítico: el nivel de infiltración del crimen organizado hacía inviable una transformación desde estructuras civiles tradicionales.

La respuesta fue contundente. Se transfirió el control operativo a la Secretaría de Marina, dando origen a las Administraciones del Sistema Portuario Nacional (ASIPONA). El objetivo era claro: recuperar control, cerrar espacios a la corrupción y fortalecer la seguridad en puntos clave del comercio exterior.

El proceso no fue sencillo. Hubo resistencia interna, manifestaciones, paros laborales y una curva de aprendizaje inevitable. En algunos puntos estratégicos del país, las aduanas registraron retrasos importantes, filas kilométricas y caídas en eficiencia operativa. El costo fue alto, pero formaba parte de una transición estructural.

Paralelamente, México apostó por infraestructura. El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec avanza como alternativa logística global. La ampliación del puerto de Coatzacoalcos y la expansión del puerto de Manzanillo —el más importante del país— buscan duplicar capacidades. La estrategia era correcta: limpiar el sistema, modernizar infraestructura y prepararse para una nueva etapa de comercio global.

Y los números lo respaldaban.

México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos, con exportaciones que superan los 466 mil millones de dólares. La inversión extranjera directa alcanzó niveles históricos cercanos a los 41 mil millones de dólares en 2025, impulsada por el fenómeno del nearshoring. Hoy, cerca del 90% de las exportaciones mexicanas son manufacturas integradas a cadenas globales de suministro.

El país no estaba rezagado. Estaba en ascenso.

Sin embargo, ese crecimiento comenzó a mostrar sus límites. Los puertos mexicanos movilizaron más de 248 millones de toneladas en 2025, operando bajo presión mientras la infraestructura apenas se expande. Manzanillo, por ejemplo, ya maneja cerca de 4 millones de contenedores al año y busca crecer hasta 10 millones, reflejando una realidad evidente: México se está preparando… pero aún no está listo.

El sistema ya estaba tensionado.

Y entonces vino el factor externo.

Estados Unidos intensificó su presión sobre China, reconfigurando flujos comerciales a nivel global. Parte de esa tensión alcanzó puntos estratégicos como el Canal de Panamá, una de las arterias más importantes del comercio marítimo mundial. La reacción no se hizo esperar.

China respondió ajustando sus controles logísticos y comerciales, generando retrasos, redireccionamientos y nuevas rutas. Grandes navieras comenzaron a modificar sus operaciones, cancelando escalas y redirigiendo carga hacia otros puertos.

México apareció en el mapa como alternativa inmediata.

El resultado fue un impacto directo: arribos anticipados, incremento súbito en el volumen de mercancías y presión inmediata sobre puertos, aduanas y cadenas logísticas que aún se encuentran en proceso de adaptación.

Lo que se proyectaba para dentro de dos años… llegó en semanas.

México no falló en su estrategia. El problema fue el tiempo.

La transformación del sistema aduanero, la modernización portuaria y el auge del nearshoring eran parte de un proceso ordenado. Pero la geopolítica global no respeta calendarios nacionales. Las decisiones de las grandes potencias redefinen rutas comerciales en cuestión de días.

Y hoy, México está en medio de ese ajuste.

La pregunta ya no es si el país tomó el camino correcto.

La pregunta es si podrá sostener el ritmo.

Porque en el nuevo orden global, las cadenas de suministro no esperan a que los países terminen de prepararse. Se mueven, se adaptan y presionan.

La noche no llegó por sorpresa.

Llegó antes de tiempo.

Y México, hoy, está siendo puesto a prueba.