VISITANTES DEL TERCER PLANETA / Sergio Corona: Un personaje de otra galaxia / POR: MARCIANO DOVALINA
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Ayer, mientras las luces del Festival Internacional de Cine y Comedia 24 Risas por Segundo acariciaban la pantalla, ocurrió algo extraño: el tiempo dejó de correr por un instante, no fue un truco de edición, no fue una escena de cine, fue simplemente que Sergio Corona apareció en el escenario. Y cuando Sergio Corona aparece, este país recuerda que la risa también puede tener clase, memoria y corazón.
Más de siete décadas dedicadas al espectáculo no alcanzan para explicar lo que representa. Porque Sergio Corona no solamente interpretó personajes. También acompañó generaciones enteras. Mientras México cambiaba de rostro, de canciones, de gobiernos y de nostalgias, él permanecía ahí: intacto, familiar, cercano.
Ahí estaba en las tardes de televisión abierta, en las cenas donde la familia se reunía sin celulares, en las carcajadas de los abuelos, en la infancia de millones que crecieron creyendo que el humor todavía podía ser amable. Y quizá por eso el homenaje de anoche no tuvo la solemnidad fría de los reconocimientos habituales. Parecía más bien una reunión de afectos pendientes, una especie de abrazo colectivo disfrazado de aplauso.
Porque, en el fondo, todos querían decirle lo mismo:
“Gracias por habernos acompañado tantos años.”
Sergio Corona pertenece a una estirpe de artistas que ya casi no existen, actores que no necesitaban escándalos ni polémicas para quedarse en la memoria del público. Bastaba una pausa bien colocada. Una mirada. Un silencio oportuno. Tenía esa precisión antigua de los comediantes que entendían que hacer reír no significaba gritar, sino tocar algo humano dentro de la gente.
Hay algo profundamente cinematográfico y literario en su presencia. Parece uno de esos personajes que habría imaginado Juan Rulfo sentado en un café imposible de la Ciudad de México, mientras afuera cae una lluvia melancólica y adentro alguien cuenta un chiste capaz de salvarle la noche a un desconocido.
Anoche no se celebró únicamente a un actor. Se celebró a toda una época del entretenimiento mexicano, a los escenarios de carpa, a las noches de bolero, a la televisión hecha con oficio, a los artistas que todavía salían al escenario con el compromiso invisible de alegrarle la vida a alguien.
Y mientras el público se levantaba para aplaudir, seguramente en alguna esquina secreta del universo, Tin Tan, Manuel ‘El Loco’ Valdés y aquella generación irrepetible de cómicos miraban sonriendo cómo Sergio Corona seguía ahí: elegante, firme, luminoso. Como uno de esos últimos caballeros del espectáculo que parecen haber sobrevivido a otra era
Porque existen actores populares.
Existen figuras inolvidables.
Y luego aparece Sergio Corona:
un hombre que transformó la risa en recuerdo colectivo.
Anoche no recibió solamente un homenaje, a noche, el público le regresó una pequeña parte de todo lo que él le regaló a México durante más de setenta años.
Y eso, en un mundo donde todo desaparece tan rápido, ya es una forma de eternidad


