LA QUINTA TRANSFORMACIÓN / APPS SIN CONTROL EN AÑO MUNDIALISTA / POR. DARÍO CELIS
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LAS APLICACIONES DE transporte y mensajería en México funcionan todos los días con millones de usuarios, pero siguen cargando problemas que no terminan de resolverse.
El foco no está en la tecnología, sino en los controles que deberían sostenerla y que, en muchos casos, siguen siendo insuficientes.
Las cifras acompañan esa preocupación. Uber, que a nivel global encabeza Dara Khosrowshahi, reconoció que, en Estados Unidos, se registraron seis mil denuncias por agresión sexual en su servicio entre 2017 y 2018, lo que equivale a ocho casos diarios.
En México no existe un registro con ese mismo nivel de detalle, pero sí se han reportado más de 10 delitos sexuales relacionados con plataformas de movilidad en el último año. No es algo que deba echarse en bolsillo roto, más tratándose de servicios que implican contacto directo con desconocidos.
El punto crítico está en quién puede entrar a operar dentro de estas apps. Es posible conseguir una cuenta de conductor en el Marketplace de Facebook, la red social de Mark Zuckerberg, por 600 pesos, sin procesos de validación estrictos.
A eso se suma que las mochilas de repartidores se venden en casi cualquier mercado o tianguis de la República por entre 200 y 500 pesos, lo que permite que cualquiera pueda simular pertenecer a una plataforma reconocida.
Ese vacío se refleja en casos concretos. En la Ciudad de México, gobernada por Clara Brugada, entre el 1 de enero y el 21 de septiembre del año pasado, la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que encabeza Pablo Vázquez, reportó la detención de 187 personas que se hacían pasar por repartidores para cometer robos a casa habitación.
El esquema se basa en la apariencia de servicio legítimo para observar movimientos y detectar oportunidades.
A esto se suman más de 45 casos en el Valle de México en los que repartidores han sido utilizados para distribuir drogas o entregar mensajes de extorsión.
En algunos escenarios bajo presión, en otros no, pero siempre con el mismo resultado, es decir, el sistema permite que esas prácticas ocurran.
Mientras tanto, del lado del usuario, se siguen dando los cobros indebidos en Uber México, que dirige Félix Olmo, que se repiten en ciudades como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
Viajes que arrancan en 150 o 200 pesos terminan con incrementos de hasta 30% al finalizar el trayecto, sin una explicación clara. También hay reportes de cargos duplicados, tarifas por “tiempos de espera” que el usuario no solicitó e, incluso, viajes que nunca se realizaron, pero aparecen cobrados.
Aquí el problema no es sólo el monto, sino la falta de claridad. El precio inicial pierde confiabilidad y los procesos de aclaración no siempre son rápidos. La experiencia se vuelve irregular en algo que debería ser completamente predecible.
Todo esto ocurre en un mercado de más de 2.5 millones de personas que trabajan en aplicaciones en México, sin un padrón público actualizado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, de Marath Bolaños, que permita verificar con certeza quién presta el servicio. Es un sistema de gran escala con puntos ciegos evidentes.
Con el Mundial 2026 encima, el tema adquiere otra dimensión. Millones de visitantes utilizarán estas plataformas como su principal medio de movilidad. Para ellos no existe contexto previo ni advertencias: confiarán en lo que muestra la aplicación.
No se trata de cuestionar la existencia de estas plataformas, sino de exigir que operen con reglas más claras y con filtros reales.
Verificación de identidad, revisión de antecedentes, pruebas toxicológicas, controles psicométricos y mecanismos de identificación visibles, como códigos QR, son medidas básicas, no extraordinarias.
Con cifras como seis mil denuncias, ocho casos diarios, más de 10 delitos en México, 187 detenidos, 45 casos detectados y 2.5 millones de usuarios dentro del sistema, la discusión deja de ser teórica.
Al final, todo se reduce a quién está detrás del volante, cuánto se cobra realmente y qué tan confiable es esa relación. En un evento global, esos detalles son de vital importancia.
DURANTE LA INAUGURACIÓN de la edición 35 de la Convención de Aseguradores, la subsecretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP), María del Carmen Bonilla, planteó que el país busca escribir una historia de crecimiento sostenido a partir de obra pública, disciplina fiscal y coordinación con capital privado. El plan suma 5.6 billones de pesos hacia 2030, cifra que exige ejecución sin margen para errores. La infraestructura puede ordenar territorios o multiplicar fallas, según cómo se contrate y se vigile. En ese entramado, las aseguradoras juegan un papel fundamental, con más de 2.4 billones de pesos bajo gestión, funcionan como financiadores y como filtro técnico del riesgo. No sólo protegen obras; también condicionan su viabilidad con precios, coberturas y apetito de largo plazo. La cuestión será sostener reglas que permitan a ese capital permanecer, incluso cuando cambian los vientos políticos.
LA FINTECH KUESKI, que dirige Adalberto Ochoa, ya alcanzó más de 40 millones de préstamos y una duplicación en menos de dos años. La cifra también muestra cómo los hábitos financieros se están reconfigurando fuera de la banca tradicional. El crédito deja de ser trámite y se vuelve inmediato, fragmentado, integrado a la rutina. Uno de cada cinco usuarios abre su primera cuenta para acceder al préstamo. Inclusión, sí, pero mediada por deuda. La mejora en el historial que reporta la empresa convive con una lógica de consumo acelerado que exige ingresos igual de ágiles. El modelo funciona mientras el algoritmo acierte y el costo del dinero no se dispare. Ahí se juega su sostenibilidad.
BUNQ, UN NEOBANCO neerlandés, decidió entrar a México por la puerta grande, solicitando a la Comisión Nacional Bancaria de Valores, la licencia bancaria. El enfoque del banco dirigido por Ali Niknam se centra en “ciudadanos globales”, el cual abre un nicho ignorado por la banca tradicional mexicana, es decir para extranjeros radicados en el país y que les cuesta trabajo abrir una cuenta, pero también una apuesta por clientes con ingresos y movilidad, no por inclusión masiva. En caso de no obtener la licencia, Bunq podrá operar con depósitos respaldados por el IPAB y competir en serio. Aparentemente llega tarde a una batalla que ya iniciaron Revolut y Plata, pero lo hace con una narrativa propia y, sobre todo, en ese sector nómada digital, y que hasta la fecha en nuestro país se encontraba desatendido.


