Brenda Caballero - Números Rojos
Era media noche. La tenue luz, el silencio acogedor y el olor del incienso me hacía pensar en la recámara. ¡Ahhhh! y sentir las sábanas, las almohadas y cojines… es más ¡moría por ir a la cama! Pero no sea usted mal pensado, que aunque mi marido me esperaba en ella, no se había puesto sexi para mí, sino más bien para Morfeo… así lo comprobaban sus ronquidos.


