
Rubén Pabello Rojas
La corrupción, flagelo de mil cabezas multiplicada por una potencia al infinito, golpea a las sociedades que siendo sus propias víctimas son a su vez la materia prima del perverso fenómeno. No hay de otra, imposible hacerse a un lado y negar esta verdad evidente. Son los mismos individuos, integrantes de una comunidad que se debate en la más dolorosa corrupción, quienes la producen, provocan, fomentan, toleran y luego la sufren. Negarlo es infantil.
Corrupción, dice su definición, es la acción y efecto de corromper, es sinónimo de...